Pues al final resultó que el número estaba bien escrito y que hiciste la más difícil de las opciones, ni muy al principio, ni pasar de todo, la que implica que algo lo tuviste que meditar, que es más importante que una simple anécdota. Lo cual no deja de descolocarme, como la cadencia de los mensajes y el freno en seco a las conversaciones más ligeras.
Te pienso tanto... no quiero cometer un estúpido error que te aleje, ni que el error sea no acercarte. Las opciones se desdoblan en dos muy marcadas y la que vería más clara "desde fuera" es la que la experiencia me lleva a descartar por imposible (algo que refuerzan los "cortes"). La otra opción, más esperable por el pasado aunque más alejada de Ockham se descarta en esas miradas, en el suspiro de alivio, en la, a priori, incontenible sonrisa, en los susurros, en esa forma de hacerme ver, de hacerse ver, que ha pensado en mi, aunque sea un segundo.
¿Qué es lo que no le digo?, lo que no te digo... tantas cosas... Todo lo que no te digo por miedo a asustarte, que posiblemente sea lo mismo que puede terminar haciendo que pienses que lejos estoy yo. Ver patrones en miles de puntos con decenas de miles de dimensiones es más sencillo que saber qué hacer a continuación. Sé demasiado bien lo que es no querer hacer nada, ni estar con nadie, con la seguridad del propio dolor, lacerante y tranquilizante al mismo tiempo. Por eso se que salir de ahí no es algo que uno elija, al menos no del todo. Los pensamientos oscuros son la respuesta más directa y rápida a cualquier interacción y pueden ser puñales muy afilados. Hace falta una motivación en la que apoyarte para salir, pero no puede ser demasiado grande porque se puede presentar como un abismo demasiado insalvable. Aunque suene un poco demasiado a libro de autoayuda también hace falta estar un poco abierto a que la vida en general pueda mejorar, aunque solo sea porque no se vea como puede ir a peor. Y esa es una cosa que te diría si las palabras no tuvieran consecuencias que quedasen escritas en piedra, si se puede rebobinar si provocase un daño, que ni tu ni yo tenemos nada que perder y quizá un mundo que ganar.
Te diría que me gustaría que me incitases a hacer cosas distintas, que te gustasen y que te hiciesen feliz ese rato. Que animándote a hacer algo conmigo descubrieses aficiones nuevas o recuperases las que has dejado de lado.
Te contaría el pánico que me dan los 15 años que acaban de cumplirse sin esa intimidad donde no querría hacer el más absolutos de los ridículos. (Que te deseo, por si no queda claro, y que desearía conocer cada uno de tus placeres, culpables o no). Que quiero entender qué hay debajo de esa crisálida que tienes, conocerte lo suficiente para saber si hay heridas sanables y, si las hay, si puedo ayudarte con ello.
Querría ofrecerte mi apoyo para que pudieras desarrollarte en aquello que te haga feliz, sin que pensases ni por un momento que considero que eres poco o cualquier tontería similar; y a pesar de que ello te llevase a darte cuenta de que quizá, el que no soy suficiente soy yo (y no ahondaré en ese autoataque gratuito que me "regalo").
Al menos a mi mismo me queda bastante claro que quiero hacer las cosas de forma diferente a como las he podido hacer en el pasado, porque me importas y realmente me dolería perderte por hacer algo mal (que lo hago y lo haré). No te he deseado buenas noches ni que sueñes... cosas bonitas, aunque lo haría ahora mismo, lo habría hecho. No te digo lo que me gustaría que estuvieses aquí, y enseñarte mi ciudad, la comida española que ojala te gustase, mis manías, mis ñoñerías, todas mis contradicciones y, por supuesto, conocer el espejo de todo esto en ti.
Mientras tanto sólo la torpe conversación de un muchachito confuso sale de mis dedos tras recibir la ansiada notificación en el teléfono...