No pensé que esta fuera a ser la canción de vuelta de este elemento al blog. Sí la autora, que se ha convertido por derecho propio en la banda sonora de esta etapa, pero no necesariamente la canción que termina el post. ¿Cuántas hay? ¿Cuántas entierran el contenido publicado en estas entradas, con su significado o sin él, con la cripticidad que las caracteriza y lo cristalinas que eran en esa maraña de sinapsis que es pensamiento?
¿Por qué esta? Porque ha empañado mis ojos según iba a la compra este sábado complejo que ahora mismo es, a la vez, uno más entre tantos y el que podría ser el último que pase en esta ciudad. Esto último es, por muchos motivos, difícil que se cumpla, pero el hecho de que no sea imposible ya es, en si mismo, importante... Dentro de 7 días no estaré aquí aunque hace un mes estaba más o menos seguro de que, al menos ese sábado, lo estaría.
La semana que va a comenzar es todo lo contrario a una semana de transición, aunque cumple casi todos los parámetros. Es una semana de ruptura y cierre previa a la que debería haber sido la de ruptura y cierre. Porque sí, aunque nada cambie, todo va a cambiar. Aunque el... 23 de mayo vuelva, el 25 pisase el mismo laboratorio otra vez y la decisión fuese que no hay decisión... en realidad muchos "cristales" están destinados a romperse esta semana.
Casi una semana seguida soñandome con el mismo lugar, distintas cosas. Con el cuerpo y, sobre todo, la cabeza, agotados. Hoy me levanté tarde tras un delirio onírico que, por primera vez en mucho tiempo ha sido agradable, y el resultado es que hay quien se ha pensado que yo ya "no estaba". Creo que eso marca muy bien lo que debe transmitir mi aspecto, mi voz, mi aura... Y quizá también lo que debería ocurrir porque este agotamiento no se termina y sólo quiero descansar...
Es lo que tiene no ser suficiente.
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