viernes, 26 de junio de 2026

25/06/2026 Lo que permanece

 Hartazgo profundo es el sentimiento que no me abandona y que está en el centro de todo. Las últimas semanas han sido complejas en lo que a "disfrutar" de mis sentimientos se refiere. Honda tristeza, terrible enfado, que culminan en el hieratismo habitual. Nada cambia, nunca. Y es que ni siquiera podemos hablar de ciclos porque los básicos permanecen haciendo gala de su inevitabilidad.

Los últimos días, quizá como combustible para convertir la tristeza en cabreo, se visibilizan más las faltas de respeto. Todos esos comportamientos, frases, gestos que se tienen conmigo que no pasarían por, siquiera, "de mal gusto", ya no digamos "aceptables" con otros seres humanos. Nunca lo entenderé más allá de esa culpa por no pararlo de un portazo, de una voz, transformándome en alguien más agresivo que deje salir la ira y que, como es lógico, tendrá más respetabilidad y, posiblemente, también más atractivo.

De verdad que aún no comprendo cómo se llegan a producir las situaciones que me ocurren, como las personas consideran que pueden tratarme como no tratarían a nadie más. Y lo más cojonudo es que si no lo soportas con una sonrisa y como fuese lo normal... ya está liada.

Pero bueno, que si, que puedo recibir las patadas que no le darías a la mascota, que sólo tengo defectos y que se puede jugar sin consecuencias. Que se puede contar con que siempre voy a estar, sin estar de forma recíproca. Porque al final, aburro ¿no? Soy un puto coñazo, confiable pero coñazo. Se me atribuyen tantos problemas que luego, claro, no encaja con los éxitos y los premios. Siendo tan inválido funcional ¿como he llego a sobrevivir y estar donde estoy?

Mis logros han molestado siempre tanto a mi alrededor que, naturalmente, uno deja de compartirlos. Pero no, no son regalos, no son "loterías" que llegan por sorpresa y que hay que festejar con champagne. Son minerales que ha costado mucho esfuerzo sacar, que me reafirman en lo que yo sé de mi mismo y en lo que hago, en que no lo estaré haciendo tan mal como podría parecer por los comentarios (vamos a llamarlos) "constructivos" de la gente. Es una putada pero cuando estudias mucho, te preparas intensamente, tratas de verdad de hacerlo bien, una buena nota no alegra tanto como si llega "gratis", el orgullo no es alegría, no va combinado. Y, naturalmente, el fracaso se siente mucho más fuerte que cuando te has dedicado a no hacer nada. Así en todos los aspectos de la vida. Es la maldición de la profesionalidad.

Y, cuidado, eso no quiere decir que no haya alegría ni satisfacción. Pero es tan fácil juzgar lo que pasa por mi cabeza sin estar dentro de la misma... ¡Qué más dará!

En el aspecto más cardiaco... ¿qué decir? Uno tiene ya muchos años y siempre creyó demasiado en el libre albedrío como para ser picapedrero. Tengo demasiada autoconsciencia como para saber que hay actitudes que no merezco y, por tanto, situaciones que no merece la pena alargar en el tiempo. Lo bueno y lo malo de tenerse a uno mismo tan racionalizado es que se puede estar abierto a que surjan historias, incluso sin que tengan que ser perfectas, y que si no lo hacen tampoco provocarán una caída dramática a los abismos... 

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