Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de abril de 2017

Japón 2017, el final de un viaje genial


Bueno, pues ya estamos de vuelta de la otra parte del mundo. Aún con sueño, cansancio en general, pero con la sensación de haber vivido un viaje irrepetible y difícilmente mejorable. Han sido dos semanas muy intensas, tanto que apenas ha habido tiempo de leer o escribir mucha cosa. Pero sin duda ha merecido la pena.
Hemos hecho casi todo lo que queríamos y más. Hemos disfrutado de platos muy ricos de la gastronomía local, visitado impresionantes monumentos. Nos hemos empapado de la cultura y tradición nipona. Hemos dormido en sitios muy diferentes, todos ellos muy acogedores. Nos hemos pegado largas caminatas por parajes incomparables. Ha sido una experiencia increíble. Sin duda lo que todo viaje a Japón debería ser, o al menos tener parte de esto.
A ver si puedo terminar de repasar las entradas de cada día y puedo haceros un poco más partícipes del mismo, que ya he visto el interés que ha despertado con una buena cantidad de visitas estos días, aunque nada fuera de lo esperado, claro xD. Ahora toca seguir, con las pilas renovadas, nueva energía y muchas oportunidades abiertas.

sábado, 1 de abril de 2017

Japón 2017, degustando la deliciosa carne de Kobe

Hoy ha sido un día muy largo y de muchas visitas, han parecido dos días, pero así es como estaba planificado. Se preparó de forma que nos diese tiempo, por la mañana, a ver algo de Kobe, comer allí y volver a Osaka para visitar la ciudad, y así es como lo hicimos. Desayunamos y nos marchamos a buena hora. Camino a la estación se puede apreciar el observatorio al que fuimos ayer, cuyo edificio es espectacular, como podéis ver.


Cogimos el tren que nos dejaría en Kobe tras media hora de viaje y cuando llegamos nos encaminamos al que, tras un rápido cambio de planes, se convirtió en nuestro siguiente objetivo, el templo de Ikuta Shrine. Uno de los tres templos más antiguos de Japón. Allí nos encomendamos a sus deidades y pasamos bastante tiempo meditando en su bosquecillo. Además de hacernos la foto de rigor, claro, pero esa ya fue publicada en otro lugar y no soy muy dado a repetir.




Es un templo que es frecuentemente utilizado en celebraciones japonesas, incluso acoge un festival anual de bodas. Hoy no podía ser diferente y tuvimos la suerte de presenciar una celebración doble con bautizo y boda.



A continuación comenzamos nuestro peregrinaje en busca de la ansiada carne de wagyu de Kobe. No fue sencillo ya que todo estaba hasta arriba de reservas y cometimos el afortunado error de no reservar. Digo afortunado porque al final dimos con un restaurante, de la avenida principal, auténtico de allí. Con auténtico quiero decir que no era una trampa de turistas ávidos de Trip Advisor. 
Nos pusieron un menú completo, con una sopa muy similar a una castellana, hecha con los recortes de la carne, una ensalada, los típicos encurtidos y demás acompañamientos y la carne con patatas. La comida fue deliciosa, disfrutamos del espectáculo del chef preparando la carne y todo por un precio mucho más razonable que en el de Spiderman xD. Ahora, no os engañéis, la carne de Kobe es cara, eso no lo suaviza nadie, la cosa es cómo queda dentro de la gradación de "caro". Una de esas experiencias inolvidables.





Tras comer decidimos renunciar a la otra zona que habíamos decidido visitar en Kobe, el puerto, ya que se nos había hecho bastante tarde y queríamos llegar a Nipponbashi con tiempo para callejear un poco.
Como valoración general Kobe no me disgustó en absoluto, de hecho me hubiese gustado visitarlo con un poco más de detenimiento, porque no era, para nada, como me lo esperaba, pero el tiempo en este tipo de viajes es el que es y había que seguir.
Lo dicho, nos encaminamos al tren, de vuelta a Osaka, repostar un momento en el hotel para rellenar las carteras, al fin y al cabo íbamos al Akiba de Johto y otra vez en tren hasta Nipponbashi. Nipponbashi es el barrio tecnológico de Osaka, consiste en una calle principal y muchas callejuelas llenas de tiendas de videojuegos, figuras y demás cosas frikis. Es la Akihabara de esta región del país. Prometía mucho.
En este punto nos separamos en varios grupos para recorrer el barrio a nuestro aire el tiempo que nos dimos para ello. Aprovechamos para empaparnos un poco de toda esa luminosidad y hacer algunas compras. Lo cierto es que no muchas porque resultó un poco decepcionante, en base a las expectativas, claro.



Reunificamos el grupo al final del barrio a la hora perfecta para acercarnos a cenar a Shinsekai. Shinsekai es uno de los barrios más pintorescos de Osaka, es como un mundo aparte dentro de la ciudad. Está lleno de neones en una estética retrofuturista que recuerda mucho a Blade Runner. Además, cuenta con una gastronomía propia que había que degustar, aunque en pequeñas dosis que aún estábamos llenos del rico Kobe.
Shinsekai comienza con una entrada tipo parque temático y una alta torre, su símbolo, que da la bienvenida a los visitantes. El barrio es básicamente una sucesión de locales de comida con fachadas muy, muy pintorescas, todas distintas y muy bonitas. Además, en cada esquina, te encuentras estatuas del protector del barrio disfrazado de muchas formas distintas.



La gastronomía típica de Shinsekai consiste en pinchitos de muchas cosas distintas con un rebozado razonablemente grueso. Especialmente el de huevos de codorniz japonesa cocidos estaba muy bueno. Otra de esas cosas que había que probar.


Por último, ya cenados, nos dirigimos a nuestro último destino del día, dar un paseo por Tobita Shinchi. Esta no es una actividad nada turística que, en cierto sentido puede ser incluso peligrosa, pero mereció mucho la pena y resultó bastante sorprendente, la verdad. De este barrio, por razones obvias, no tengo fotos, y aunque las tuviera no las subiría. ¿Recomendaría ir? Sí, pero con la mente abierta y siempre pensando que sólo estás de paso, recorrerlo como si estuvieses perdido, y en ningún caso en solitario. Es toda una experiencia pero no para todo el mundo.
Y se acabó, desde allí, con anécdota incluida, nos recogimos al hotel y, como todos los días, ahora toca descansar, que mañana cambiamos de región y nos toca nuestro último traslado.

viernes, 31 de marzo de 2017

Japón 2017, el skyline nocturno de Osaka

Hoy amanecimos cansados por la caminata de los días anteriores. Además llegaba el día de dejar nuestra casita de Kioto y partir hacia Osaka. En la planificación inicial se decidió aprovechar lo máximo posible el día en Kioto y partir hacia Osaka ya a media tarde. El problema principal eran las maletas ya que no es muy agradable hacer turismo con ellas de la mano. Por suerte los encargados de nuestro alojamiento nos dejaron depositarlas pronto por la mañana en sus oficinas y pasar a recogerlas más tarde.
Por lo que el día comenzó transportando las maletas hasta la oficina, que se encontraba a 5 minutitos de la estación central de Kioto. El día se había despertado lluvioso, primera lluvia intensa del viaje y esperemos que última. Aunque la verdad es que hasta hoy hemos tenido mucha suerte con el tiempo. Depositamos las maletas, dejamos las llaves y nos pusimos en marcha.
Nuestra primera parada era el edificio histórico de Nintendo. Como ya he dicho ese día llovía bastante, lo que nos marcó el ánimo y los planes en cierta medida. En mi caso, ataviado con el poco honroso poncho no me sentía muy católico pero la situación mejoró en cuanto pude hacerme con un buen paraguas que me permitió prescindir de la capucha. Ya con las pertenencias a salvo nos acercamos a la placa que marca el edificio donde Nintendo hizo barajas Hanafuda durante muchos años. Actualmente no contiene nada, que se sepa, pero es un lugar de peregrinaje para los fans.


Desde allí ascendimos hacia Kiyomizu-dera, un complejo de templos al que no nos habíamos acercado ayer y que forma parte del patrimonio cultural de la UNESCO. Al encontrarse en la cima de una de las colinas de la ciudad constituye un gran observatorio para apreciar toda la extensión y los edificios. Por desgracia, con el tiempo que hacía las vistas no eran las mejores.
En el templo se encuentra, además, las dos piedras que forman el recorrido del amor (si, Japón es un país muy obsesionado con ese concepto) y una fuente con tres chorros de la que se dice que, dependiendo de cuántos bebas, obtendrás una bendición.
A mi, personalmente, lo que más me sorprendió y gusto fueron los andamios. Sí, soy así de raro xD. Resulta que se encontraba en plena remodelación. Obras que no terminarán hasta 2020. Y para preservar el lugar decidieron utilizar andamios de bambú de estilo completamente tradicional. Como os digo, para mi fue todo un espectáculo.

Una vez más nos encontramos con una gran multitud de japoneses, y sobre todo japonesas, vestidas con los trajes tradicionales. En este caso también había gran cantidad de extranjeros con estos trajes ya que el camino estaba plagado de tiendas de alquiler de kimonos.
Además de esas tiendas, la calle de acceso a Kiyomizu-dera estaba llena de tiendas de artesanía y productos tradicionales. Era todo un mercado al uso, y por supuesto varias tiendas de souvenirs, claro. Entre esas tiendas, por casualidad, nos encontramos con una tienda oficial de Estudio Ghibli, dentro de un pasaje que bien podía formar parte del bosque de Totoro.

En ese punto el grupo se había dividido involuntariamente. Por suerte habíamos decidido de antemano dónde íbamos a comer ese día y allí nos encontramos. Se trataba de un bonito restaurante de Tonkatsu en el que te preparabas tu mismo la salsa moliendo el sésamo y añadiendo otras especial al gusto. El tonkatsu consiste en carne con un rebozado especial, además de las salsas y toda la parafernalia. Lo cierto es que encontrar este restaurante fue todo un acierto, la comida estaba deliciosa, desde el plato principal hasta la sopa de miso, de la que yo, en condiciones normales, no soy muy fan.



Con fuerzas renovadas y ya un poco más secos, nos encaminamos en nuestro último paseo por Kioto hacia las oficinas donde habíamos dejado las maletas, las recogimos y partimos a la estación para coger el tren que nos dejaría en Osaka.
Como nuestro albergue, en esta ocasión, se encontraba a 5 minutos de la estación lo primero que hicimos al llegar fue acercarnos a dejar las maletas y a ver nuestras nuevas habitaciones. Naturalmente, aunque no hubiese estado tan cerca habríamos ido lo primero xD. En esta ocasión se trataba de un alojamiento un poco más occidentalizado, aunque seguimos durmiendo en futón la distribución era similar a la que puedes encontrar en un albergue europeo.

Tras dejar las cosas nos acercamos a la última visita del día, el observatorio de la torre Kuchu-teien. Esta torre se encuentra también a pocos minutos andando del hotel así que llegamos en nada. Habíamos planificado realizar la visita nocturna a este observatorio y fue todo un acierto. Osaka es un concepto de ciudad completamente distinto al de Kioto y ver todos los altísimos edificios extenderse en el horizonte, con distintas ventanas encendidas ha sido todo un espectáculo. 



Por último, para concluir el día, entramos a cenar en uno de los macro centros comerciales que hay en Japón y que tienen plantas completas llenas de restaurantes de distinto tipo. En nuestro caso fuimos a dar en uno especializado en okonomiyaki, que es una suerte de tortilla rellena con cosas y salsa por encima. De hecho si lo pides de patata es, basicamente, como una totilla de patata deconstruida. Yo no lo tomé así, pero estaba bueno igual xD.


Y nada, ahora a descansar que mañana nos toca otro banquete culinario de carne procedente de las "vacas" más felices del mundo.

jueves, 30 de marzo de 2017

Japón 2017, recorriendo Kioto en profundidad

Hoy tocaba caminar, y se ha notado. Varios miembros del grupo ya arrastraban lesiones o cansancio acumulado de los días anteriores (nada grave) y al final hemos tenido que reducir la carga para este día, y en cualquier caso, nos hemos dado una buena jupa a andar.
Nos tocaba recorrer los puntos más importantes de Kioto, en principio el recorrido era desde el Pabellón Dorado hasta el Plateado, andando, pasando por todos los puntos de interés en el camino, y desde allí hasta cenar en el Gion, el barrio por donde se pasean las meikos. En principio las Geishas también, pero es imposible ver una.
Es por ello que empezamos el día acercándonos a la zona allende el Pabellón Dorado. Por allí se encuentra el jardín zen más conocido del mundo así que hicimos una obligada parada para meditar a su cobijo. Nota curiosa, se pronuncia 'chen' no 'cen'.
El jardín se encuentra dentro de un recinto con un gran lago y varias construcciones interesantes. Naturalmente, para visitarlo hay que descalzarse, ya que se encuentra a cubierto. Allí pudimos disfrutar también de unos dibujos preciosos que adornaban las paredes.



En el centro del lago se encontraba un templo cerrado al público, lo que era una pena porque, como veis, el lugar era muy curioso.


Desde allí ya nos encaminamos directamente al Pabellón Dorado. Este palacio de shogun, cubierto completamente de pan de oro es uno de los lugares más visitados y retratados de Kioto pero a mi puede que fuera uno de los sitios que menos disfruté. Es cierto que la construcción es increíble y muy bonita, pero se encontraba completamente atestado de turistas. Apenas había sitio para respirar.
Esto constituía un ambiente muy agobiante que no me dejó disfrutar del lugar como se merecía. En cualquier caso, naturalmente, las fotos, aunque sean de National Geographic, no le hacen honor y es mucho más espectacular en persona.


Desde allí emprendimos marcha hasta los jardines del Palacio Imperial de Kioto. Éste ya no constituye la residencia habitual del emperador, que se encuentra en Tokio, pero cuando tiene que ir a Kioto por algún motivo si que se aloja allí. Es como nuestro Palacio de Marivent, por ejemplo.
El trayecto hasta allí, aunque fuimos a "paso charro" ya que íbamos retrasados respecto a la planificación, fue, para mi, mucho más agradable y auténtico. Fuimos por calles que si que daban más aspecto de lo que yo esperaba que fuese Kioto. Lugares más de vida real, obviamente sin masificar.
El Palacio en si mismo sólo es visitable en momentos puntuales y concretos, y no coincidió que nuestras fechas fuesen esas. Y eso que Felipe y Leticia se encontraban por el país nipón, pero claro, nosotros no contamos con sangre azul xD. En cualquier caso, comimos y repusimos fuerzas en los enormes jardines y reestructuramos el resto de la tarde eliminando de las visitas el Pabellón Plateado, que es igual que el Dorado pero sin recubrimiento y además, Google nos dijo que estaba tan atestado como su hermano mayor.



Una vez decidida la nueva ruta nos encaminamos hacia Honnoji, que conmemora el seppuku forzado de  Oda Nobunaga. Este templo es muy curioso ya que se encuentra en medio de un centro comercial, donde no esperas para nada que exista algo así.


Camino hacia Chion-ji, nos encontramos nuestro primer Book Off del viaje donde pudimos hacer el friki un ratillo y adquirir algún cartucho retro para la colección. Tras visitar Chion-ji bajamos por el parque Maruyama hacia el santuario Yasaka.
En el parque todo estaba ya listo para la celebración del hanami. De hecho, al día siguiente comenzaba el festival y ya había gente con mantas bajo las ramas de sakura esperando. Es cierto que los cerezos aún no habían florecido completamente pero ya se empezaban a ver las primeras flores. Al haber un festival, por supuesto, el parque estaba plagado de puestos de comida tradicional con los que reponer fuerzas.



Nuestro día iba a concluir de paseo por Gion, así que nos encaminamos hacia allí. El Pokemon Center de Kioto llamó poderosamente nuestra atención y no pudimos resistirnos a su llamada. Es cierto que eso hizo que viéramos la parte más comercial y, por tanto, occidental, de Gion, pero bueno, es lo que tocaba.
Cuando nos abastecimos de peluches y demás regalos empezamos a buscar sitio para cenar callejeando por el barrio. Tras varias vueltas por su pintoresco entorno, por desgracia sin ver ninguna meiko, terminamos eligiendo un sitio en el Pontocho, uno de los "sub-barrios" de Gion.


Lo cierto es que el sitio era "auténtico", en medio de una gran cantidad de lugares pensados más bien para occidentales elegimos el más oriental posible y lo cierto es que acertamos. Cenamos "hot pot" algunos y otros tempura, todo ello cocinado con mucho mimo.


Y desde allí, hasta aquí, en casa, a descansar y recoger que mañana nos toca trasladarnos a otra ciudad, no sin antes aprovechar el día en Kioto para ver lo que hemos dejado pendiente. Y ahora a dormir, que ya es hora!!

miércoles, 29 de marzo de 2017

Japón 2017, Nara, la antigua capital

En el día de hoy nos tocaba excursión a la milenaria ciudad de Nara, a una hora en tren desde Kioto. Es curioso porque, en un principio, esta excursión quedaba fuera del planning previsto por parecernos a todos una suerte de "trampa para turistas", una Venecia japonesa. Con todo el respeto a la preciosa ciudad de Venecia, que a mi me gustó mucho, pero a día de hoy es un parque temático.
Bueno, la cosa es que al final si que entró en la planificación final, ante las recomendaciones recibidas, así que nos encaminamos hacia allí. Cogimos el tren pero, a mitad del trayecto, en medio de una interesante clase magistral sobre religión y tradiciones japonesas, un anciano, muy amablemente, nos indicó que si queríamos llegar antes podíamos cambiarnos a otro tren en esa misma estación.
Llegamos y lo cierto es que a mi Nara me sorprendió. Si ya de por sí Kioto es una ciudad de contrastes Nara lo es aún más. Yo me esperaba una suerte de pueblo "pequeñito" con casas bajas y sin apenas oficinas. De hecho esperaba que fuera poco más que el famoso parque. Pues lo primero que nos encontramos al salir de la estación fueron altos rascacielos, sin llegar a los de Tokio, claro. Camino al parque se observaba el contraste del que os hablo. Entre la zona comercial un gran cementerio que más parecía un monumento que otra cosa. Los típicos templos entre los edificios, el ambiente en general.


Cuando llegamos al parque, muchísimo más grande de lo que se veía en Google Maps, empezamos a ver los famosos ciervos de Nara. Y no, no son 4 o 5 ejemplares envalentonados que se acerquen a la gente, no. Son decenas de ellos que se mueven a sus anchas por medio de esa parte de la ciudad. Es su territorio, eso está claro.
Están perfectamente acostumbrados a la gente pero, lo más curioso y, en cierto sentido, triste, es que se han condicionado a responder a los turistas. Saludan con una reverencia a un 'konnichiwa' esperando una galleta tras hacerlo. En unos animales salvajes, como los ciervos, no deja de ser algo decepcionante.



En mitad del parque se encuentra el gran buda de madera. El más grande, de madera, del mundo. Se recomienda no mirarlo hasta que no estás justo debajo de él, para que así el efecto sea mayor, y lo es.
No solo el buda es impresionantemente grande, la edificación que lo guarda, que también es el edificio de madera más grande del mundo, te hace sentir pequeñito al entrar. Es increíble que todas las edificaciones de madera, y especialmente los templos y palacios, se construyen con piezas autoensamblables, de forma que, solamente con los planos de las piezas y su montaje, cualquier edificio puede reconstruirse o trasladarse quedando al final tal y como era originalmente.





Ya a mediodía emprendimos nuestro regreso a Kioto, faltaban cosas por ver en Nara, pero no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Eso si, disfrutamos de la gastronomía local antes de partir, al fin y al cabo era la hora de la comida.



Ya en Kioto, nos acercamos al castillo de Nijo. Cuán grande fue nuestra sorpresa al comprobar que el horario que especificaba Google Maps de cierre constituía el de cierre final, pero la última visita comenzaba una hora antes. Una "novatada" que conviene tener en cuenta cuando vosotros planifiquéis vuestros viajes. En cualquier caso, recorrer la muralla también fue un paseo interesante.


Desde allí nos encaminamos a nuestra última visita del día, el bosque de Bambú. Para mi fue otro de los lugares mágicos del viaje. Llegamos con el atardecer en el horizonte y aún pudimos recorrer parte del bosque con una preciosa luz anaranjada. Las fotos no hacen justicia del bosque y de la tranquilidad que transmitía.
Plagado de pequeños templos en su interior, nos los encontramos con una buena cantidad de gente con vestidos tradicionales, al igual que el día anterior en Fushimi Inari. Hasta nos encontramos con una grabación de una película de camino hasta allí.





La zona es también una zona residencial, y cuando sales de la frondosidad inicial, antes de subir hacia las montañas, te encuentras con un montón de casitas unifamiliares muy al estilo de Kamakura, en las inmediaciones de Tokio.
Cuando terminó nuestro recorrido por el bosque volvimos a casa para reponer fuerzas, ha sido un día de bastante caminata y para mañana nos espera bastante más. Kioto es grande y vamos a dar una vuelta muy larga e interesante.

martes, 28 de marzo de 2017

Japón 2017, Kioto entre 1000 toris

Hoy quiero empezar la reseña del día haciendo una pequeña aclaración, que no debería ser necesaria pero ya sabemos que, en estos tiempos que corren, mejor que sobren que no que falten. Naturalmente las opiniones que vierto sobre el viaje, las vivencias y los sentimientos, son exclusivamente mis visiones de los mismos y nada más. Cada uno de los 8 (o dentro de unos días 9) miembros del grupo tendrán las suyas, esto no pretende ser un compendio de todas ellas.
Dicho esto, el día de hoy comenzó temprano. El descanso en futón resultó tal y como lo recordaba, absolutamente reparador. Y eso que a los chicos nos faltó por poner debajo el refuerzo xD. En cualquier caso, entre el cansancio de las muuuuuchas horas del viaje, el día de más de 24 horas y la relajación del onsen, caímos rendidos. Y eso es genial para evitar definitivamente el jetlag, que no nos dio ningún problema a lo largo del viaje.
Como nos trasladábamos a otra ciudad apenas habíamos deshecho las maletas así que recogerlo todo fue coser y cantar. Antes de bajar a realizar el check-out, salimos a dar una vuelta por Kawaguchiko, para disfrutar de las vistas y del pueblo al poco de amanecer. Aprovechamos también para desayunar en el paseo.



Bajamos hasta el lago Kagawuchi, que le da nombre a la localidad y desde allí volvimos al riokan a recoger nuestras pertenencias a tiempo de coger el tren que nos bajaría de nuevo a las inmediaciones de Tokio. Desde allí nos montamos en el sinkansen Hikari, el tren bala japonés, para recorrer en sólo 3 horas la distancia que nos separaba de Kioto.
Al haber salido pronto, todo salió según lo planeado y llegamos a tiempo de comer en uno de los muchos locales de comida tradicional que había en la estación de Kioto, de los que tanto habíamos oído hablar.



Tras reponer fuerzas fuimos a recoger las llaves de nuestro nuevo alojamiento. Lloviznaba un poco pero el sitio estaba cerca. Al llegar nos agasajaron con café/té/zumo mientras rellenábamos los papeles oportunos. Para varios miembros del grupo fue una sorpresa que nuestro alojamiento, las tres noches que íbamos a pasar en Kioto, iba a consistir en una casa tradicional en mitad de un barrio residencial. No podía ser más auténtico.
Además, nos ofrecieron muy amablemente acercarnos las maletas y demás bultos en coche hasta allí, con lo que quedamos libres para poder continuar nuestras visitas.

Tras "arreglar el mundo" largo y tendido, emprendimos nuestro camino hacia Fushimi Inari, el templo de los 1000 toris. Llegamos justo en el momento en que queríamos, al anochecer. Es el momento perfecto para ver desaparecer el sol tras la colina en la que está construido. Es cierto que llegar unos minutos antes nos hubiera permitido hacer mejores fotos, pero para disfrutarlo fue inmejorable.
Durante el día se había celebrado algún tipo de festival, lo que dedujimos por la gran cantidad de japoneses vestidos con trajes de ceremonia que nos encontramos en nuestro paseo (además de por los puestos de comida que había a nuestra llegada, una pena que estuvieran cerrando ya). Lo que no logramos averiguar era qué festividad era.
Dimos un paseo por el recinto del templo y recorrimos el primer lazo de caminos, lo que en esencia son los 1000 toris y emprendimos nuestro camino hasta "casa".




El camino hasta allí fue todo por la zona residencial de Kioto, nada turística. Fue un paseo muy agradable. De camino encontramos el sitio perfecto para cenar y así se lo hicimos saber al dueño al preguntarle la hora de cierre ya que queríamos pasar a dejar las mochilas primero, lo bueno es que estábamos a 5 minutos escasos. Nos hicimos con la casa, descansamos un poquillo y volvimos para una buena cena.


El día terminó tras planificar la forma de domir (había que preparar todo el piso superior), asearnos (sólo había un baño y una ducha, pero quedamos muy equilibrados :D) y los planes del día siguiente.