Hoy soñé, de forma muy lúcida (casi que podíamos decir que terriblemente lúcida) con una realidad que no se producirá nunca. Me gustaría pensar que en algún universo alternativo, en alguna frecuencia de vibración distinta de las supercuerdas es lo que ha ocurrido y que, simplemente, he podido asomarme y echar un vistazo a una realidad que no me tiene tanta ojeriza. Pero al levantarme me vi en el espejo y volví a asumir la imposibilidad del hecho. Y es que la realidad es terca, y más que ninguna, la que habito. La conozco y por eso he asumido sus hechos inverosímiles y sus hechos incuestionables.
Esta mañana, antes de asumir que era hora de salir de la cama, soñé con el primer momento de tener en brazos a mi pequeñina. Con el primer momento y con otros después de ese, no muchos, fugaces, etéreos. Sosteniendo a esa bebita perfecta, condenada a ser la niña de mis ojos y a la que intentaría proteger de todo lo malo de este y otros mundos. Tan chiquita y despierta...
Habrá que esperar y confiar que mi cerebro no tarde tanto en regalarme otro delirio imposible como los poquitos que me ha mostrado en estos 37 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario