Mañana me toca uno de esos regresos a casa en un eterno tren que ya ha sufrido la amenaza de una huelga. Es cierto que compararlo con la Odisea es, quizá, algo pretencioso, pero no es menos cierto que nuestros trenes son... Un medio de transporte en el que sabes cuándo entras, pero no cuándo sales y, tampoco, en qué condiciones. Puede tocarte uno sin el más mínimo acondicionamiento, puede tocarte viajar en el Polar Express, siempre es una sorpresa.
Necesito irme de aquí, al menos unos días. No se si en casa podré salir a la calle, o la situación irá a peor. No se si no será más que un parche, no se si mi cabeza me dejará descansar, si me olvidaré de algo, o de todo, o de todo lo que debo olvidarme. Es un misterio, pero espero que, en cualquier caso, no sea para peor.
Como he dicho esta mañana, e intento repetir de forma reiterada, creo firmemente que estoy en un punto en el que un pequeño empujoncito puede cambiar las cosas para muy bien, mientras que la desidia y la costumbre lo único que va a hacer es que todo siga en un estado... vamos a llamarlo conocido. Conocido no lo hace bueno ni mucho menos, conocido lo hace horrible, pero al menos sigo pensando que, llegados a este punto, es harto complicado ir a peor.
No creo que deba quedarme mucho más. Quiero suponer que tengo más o menos todo lo importante ya preparado, así que poco más se puede hacer que ir cerrando. Qué poco me gusta viajar solo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario