Hace unos días surgió la enésima polémica en redes a colación de unos desafortunados comentarios de una famosa de segunda que comentaba lo "mucho" que le había tocado pagar a Hacienda este año y que en su caso particular le impedía vivir con la holgura que le gustaría (ella hablaba de necesidad, pero bueno). En su triste historia comentaba que le había tocado abonar 19.000 € y que no había ningún miramiento con su caso, como madre, con hipoteca y más cuestiones particulares que no creo que vengan al caso.
El principal problema a su comentario es que, pagando esa cantidad a hacienda, se puede deducir parte del total de sus ingresos que, incluso aunque tengamos en cuenta que considere como "pago a Hacienda" todo tipo de tasa al Estado que pueda incurrir en su actividad laboral, y, por tanto, que no sea sólo de IRPF, podemos asumir que sus ingresos superan, con mucho, los de la inmensa mayoría de los ciudadanos del país, no digamos ya de la gran cantidad de mujeres en su misma situación, pero con muchísimos menos ingresos.
El discurso de la carga impositiva española, es un discurso muy peligroso porque acostumbra a ser terriblemente falaz en su planteamiento y que lleva a la conclusión "obvia" de que con menos impuestos viviríamos mejor, lo cual, aún hoy, con los incompetentes gestores que tenemos, y la prevalencia de corrupción que tenemos, no es cierto. Los impuestos siguen proveyéndonos de una infraestructura básica que todos utilizamos, en mayor o menor medida. Por no hablar de que todos, TODOS, tenemos familiares, amigos, o nosotros mismos, que vivirmos gracias a un salario que sale, directa o indirectamente del erario público (porque sí amigos, los funcionarios se pagan con el dinero de los impuestos, pero las empresas subcontratadas por entidades públicas, también, las empresas que le venden... material de oficina al Estado, también... que parece que sólo las entidades abstractas de "sanidad" y "educación" se pagan con el dinero de todos, pero es mucho más que eso).
En mi caso concreto este año me ha tocado abonar una importante cantidad, a mayores de todo lo retenido, que, naturalmente, no me ha hecho especial ilusión. Además trabajo en un entorno en el que he podido ver despilfarros absurdos de dinero público que hacen que me hierva la sangre. Pero aún así, tengo la necesidad moral de ser defensor de los impuestos porque son una de las normas de convivencia que nos hemos dado entre todos. Creo que son reformables, que varios de ellos son profundamente injustos o que producen una doble imposición que carece de razón. También pienso que se permiten demasiado coladeros para que los más "listos" se escapen de sus obligaciones. Y, por supuesto, creo en la necesidad de reformar los presupuestos y abordar el hecho de que se nos esta yendo el dinero de todos por lugares que ninguno queremos.
Pero lo primero es entender de una santa vez que es DE TODOS, no que no es de nadie, o que sale del aire. No, es un presupuesto que es de todos, que todos lo generamos para dotarnos de unos medios que casi ninguno de nosotros podría costear por su cuenta. Y por eso pienso que en una sociedad como la que tenemos ahora mismo, igual sería más útil que una de las asignaturas en la ESO fuese relacionada con presupuestos y cuestiones de micro y macroeconomía, quitando partes memorísticas y temarios desfasados hace décadas. Claro que para eso primero tendríamos que entender el asfixiante individualismo en el que estamos inmersos, que hace que no pensemos más que en el "yo" y en el presente, la forma más tóxica de 'carpe diem' y que va a terminar con todo tipo de convivencia en el corto plazo.
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